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Comercio electrónico (ecommerce)

DEFINICION TECNICA

El comercio electrónico (conocido popularmente como ecommerce), es la compraventa y distribución de bienes y servicios a través de internet u otras redes informáticas.

Constituye un nuevo soporte para la actividad comercial porque carece de materialidad y de pautas físicas (espacio y tiempo) pero le da accesibilidad y rapidez. De tal modo que se pueden realizar transacciones todos los días del año a cualquier hora y en cualquier lugar del mundo.

Origen y desarrollo del ecommerce

El comercio electrónico es la última fase en la evolución del comercio, entendido como el intercambio de bienes y servicios que se viene dando a lo largo de la historia.

En la década de los 70 aparecen los primeros ordenadores y con ellos, las primeras relaciones comerciales. Estas primeras transacciones ofrecen servicios muy limitados como órdenes de compra o facturas. Sin embargo, no fue hasta 1989 cuando se creó la www (Word Wide Web), el sistema que potenció la transmisión de información a nivel mundial. Es decir, las páginas webs a las que ahora estamos habituados a acceder.

Durante los 90, comienza el auge del comercio electrónico, tal y como lo conocemos hoy en día. En esta época, se crean los gigantes del sector Amazon o Ebay.

Es en 1995 cuando el G7 y G8 crearon un Mercado Global para PYMES , con el objetivo de impulsar el comercio electrónico de este sector y brindarles la posibilidad de abrirse a nuevos mercados.

En el siglo XXI el comercio electrónico es un método más de compra integrado entre los consumidores a nivel mundial. Se realiza desde distintos dispositivos móviles, y la web 2.0, así como las redes sociales, ayudan a su difusión y expansión.

Jurisdicción del comercio electrónico

En el comercio electrónico mundial existen tres áreas de protección: nacional, intracomunitario e internacional. Con el fin de tener un derecho uniforme del comercio electrónico internacional, se elabora en 1996 la Ley Modelo sobre Comercio Electrónico. Es el primer gran texto jurídico que formula las bases y limitaciones del ecommerce, a partir de ahí, cada territorio elabora su jurisdicción.

Tipos de comercio electrónico

Estos son los principales modelos de negocio en el comercio electrónico según los agentes que intervienen:

B2B: Compraventa entre empresas

B2C: Venta de bienes y servicios de empresas a consumidores. La tradicional tienda online. Una tienda offline puede tener su canal online o únicamente realizarse a través de internet.

B2G: Empresas que venden sus bienes y servicios a instituciones públicas.

C2B: Particulares que venden sus bienes y servicios a empresas. Por ejemplo, blogs de particulares que ofrecen su espacio para insertar publicidad de empresas.

C2C: Compraventa de bienes y servicios entre consumidores, lo que se conoce como economía colaborativa.

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Ventajas y desventajas del comercio electrónico

Vamos a analizar las ventajas y desventajas según la perspectiva de compradores y vendedores:

Beneficios para los consumidores

  • Flexibilidad. Ya que ofrece la posibilidad de compra las 24 horas del día y en cualquier lugar del mundo sin salir de la web o APK.
  • Posibilidad de personalización de productos y acceso a una mayor oferta de los mismos.
  • Mayor acceso a información de los productos, comparación de precios, opiniones de otros consumidores…

Beneficios para los vendedores

  • Reducción de costes de distribución, comunicación y precio final.
  • Facilita que cualquier persona pueda tener un pequeño negocio. Los costes de apertura y mantenimiento son inferiores al comercio offline tradicional.
  • Mercado global: ofrece la posibilidad de acercarse a consumidores de cualquier lugar del mundo y abrirse a nuevos mercados de manera más sencilla.

Inconvenientes para consumidores

  • Riesgo más alto de insatisfacción: Ya que no se pueden ver ni probar los productos antes de la compra. Los métodos y garantías de devolución tienden a ser menos claros que en tiendas físicas.
  • Riesgo más alto de estafa en los métodos de pago: Existe una gran desconfianza a ceder datos bancarios y personales a través de internet, debido a los múltiples engaños que se pueden producir.
  • Dificultades en la comunicación para transmitir una queja o una incidencia: Los formularios de contacto pueden quedar en el olvido o no hay una persona física a quien dirigirse para estos trámites.

Inconvenientes para vendedores

  • Falta de conocimientos técnicos: Para desarrollar un ecommerce, es necesario un equipo técnico que programe y diseñe la plataforma. Es necesario una mejora constante de la experiencia de usuario, el posicionamiento web, promoción y la actualización de la información. En muchas ocasiones, cuesta encontrar profesionales que lo lleven a cabo.
  • Competencia más elevada: Vender por internet significa competir con los grandes players del sector, y eso implica que hay que estar muy diferenciado o bajar los precios tanto como ellos. Para un pequeño ecommerce, puede que no compense entrar en un mercado tan amplio.
  • Gastos de envío elevados: Si es el vendedor el que asume estos costes, en muchas ocasiones, supone una cantidad elevada y reduce los márgenes de beneficio cuantiosamente.

José Martí: antes y después de su gloriosa caída en combate

Ängel de la Guardia
Foto: Revista Carteles

Ramón Garriga estaba en Nueva York justo para las pascuas de 1888 cuando conoció a Martí. Recién había cumplido 12 años de edad y el Maestro, cariñosamente, le obsequió un libro titulado The Heroes of the Calvary, y le escribió esta breve dedicatoria en su tapa interior: «Al caballero Ramón. Su amigo, José Martí».

Años más tarde, en mayo de 1895, en la manigua cubana el joven Garriga, ahora con el grado militar de alférez y 21 años de edad, se desempeñaba como ayudante de Martí, y, junto a él estuvo  en  dos memorables acontecimientos: la reunión de Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo, en el demolido ingenio de La Mejorana, y en el combate de Dos Ríos, donde cayera heroicamente, de cara al sol, el Mayor General José Martí.

El coronel Garriga, con 79 años de edad, ofreció su valioso testimonio sobre lo ocurrido antes y después del combate de Dos Ríos:

–Al atardecer del día 18 de mayo de 1895, llegó al campamento de La Bija, finca de los hermanos Pacheco, donde hacía dos días estábamos acampados, el mayor general Bartolomé Masó Márquez, quien había recibido orden superior de seguir el rastro de Máximo Gómez y Martí.

«Era como la una de la tarde. Habíamos almorzado en la casa vivienda. Martí estaba escribiendo y, a la vez, terminando de dictarme a mí una circular para los hacendados azucareros.

«… sonó la corneta en el campamento. El prefecto Rosalía Pacheco había venido a dar aviso al Generalísimo de que las tropas españolas estaban en La Bija, en donde habíamos acampado el día anterior, y venían siguiéndonos. Inmediatamente Gómez ordenó: “¡A caballo!”. Sin duda, Gómez no pensaba en aquel momento más que en revivir la gloria del combate de Palo Seco. Hasta entonces y desde el desembarco en Playitas no había podido disparar un tiro. Era la primera vez que se encontraba seguido de más de 400 hombres».

–¿Qué hizo Martí, coronel Garriga?

–Recoger apresuradamente sus papeles y guardarlos en la chamarreta de color gris que, con el pantalón negro y el sombrero de castor, de ala muy ancha, era el traje de campaña que venía usando.

–¿No llevaba en las alforjas del caballo el Diario?

–No, ese lo tenía yo, que lo entregué al general Gómez después. Por cierto, íntegro, sin que le faltaran las hojas que le arrancaron más tarde, igual que a las del Diario del propio Generalísimo.

«Todas las fuerzas cubanas que venían con Gómez, Martí y Masó cruzamos el río Contramaestre por el lugar conocido por Paso de Santa Úrsula. Una vez pasado el río, bastante crecido por la lluvia de aquellos días, el general Gómez ordenó al general Paquito Borrero que cargara por el flanco derecho, mientras él iba a hacerlo por el izquierdo. Y volviéndose al también Mayor General José Martí, le recomendó mucho que se quedara con Masó, a la retaguardia. A mí me ordenó que siguiera con el general Borrero».

–¿De ese modo fue como vio usted a Martí por última vez?

–Así fue.

–¿Pero nadie de los cubanos puede asegurar haber visto caer a Martí?

–Nadie.

–¿Es incierto, por consiguiente, cuanto se ha dicho de Ángel de la Guardia?

–Tengo la absoluta convicción de ello. Si Ángel de la Guardia, hombre valiente y decidido, lo hubiese acompañado, seguro hubiera muerto al lado de Martí o hubiera rescatado su cadáver.

«Después, al reunirse todos –vuelve a decir el coronel Garriga– vinieron las conjeturas. Rápido, Máximo Gómez dijo que era preciso saber a punto fijo qué había sido de Martí. Si estaba prisionero, si se hallaba herido o ¡si había muerto, como todos temíamos! Fue al día siguiente, después de una noche tristísima, cuando se le ocurrió la idea de la carta al coronel español Ximénez de Sandoval. Rápidamente me la dictó. Y entregándomela, me dijo: «¿Serías capaz de llevarla a su destino?». Mi respuesta no podía ser otra que la que le di. La recogí, monté a caballo y salí a todo el trote que consentían los algarrobos, las ceibas, los maniguazos y las cercas de alambre. Tuve que trasponer el corte de monte, para llegar al campamento español.

La carta, como es sabido, decía:

«Dos Ríos, 20 de mayo de 1895,

–Al coronel jefe de la columna en operaciones sobre Dos Ríos.

Coronel: en el combate que sostuvimos ayer, hemos sufrido una baja sensible, la del señor José Martí, que su arrojo, por una parte, y la fogosidad de su caballo por otra, lo hicieron traspasar los límites que la prudencia aconsejaba defender. En vano nos tiramos más de una vez encima de vuestras filas para descubrir su cadáver, y no viendo nada, pensamos entonces que, sano o herido, se había extraviado por allí mismo en la confusión de la pelea. No lo hemos podido encontrar al fin, y confiado en la hidalguía y caballerosidad de usted, como valiente si lo es, envío a usted mi ayudante Ramón Garriga para saber, por conducto de usted mismo, si el señor Martí está en su poder, herido y cuál sea su estado, o si, muerto, dónde han quedado depositados sus restos. Eso es todo, porque, en el último caso, percances son todos de guerra, y para nosotros, no obstante ser el señor José Martí un compañero estimable, nada importa un cadáver más o menos de tantos que tendrá que haber en la guerra que sostenemos. Si mi ayudante Ramón Garriga no vuelve a incorporarse, porque usted lo impida, cualquiera que sea la forma que para ello está usted en libertad de emplear, así sea la muerte misma, al joven oficial le importará poco eso, y a los que quedamos en pie no hará mella ninguna en el espíritu que nos anima. Si, por el contrario, el oficial aludido vuelve con las noticias que va a solicitar, nos será usted, desde luego, acreedor del justo concepto de un hombre valiente y, por tanto, generoso y caballero. Me suscribo de usted muy atento y s. s., M. Gómez».

Nota: No extrañe que no le llame por su nombre, pues lo ignoro y tampoco han podido decírmelo dos soldados, Emilio García Rozón e Isidoro Alfonso Galante, que tenemos prisioneros, y a los que, dejándoles en libertad de volver a sus filas, no han querido hacerlo.

–// Otra: El señor José Martí tenía encima, no estoy seguro, pero creo que más de $500.00 oro americano. Lo digo a usted para fines delicados».

Tornamos a intentar que el coronel Garriga nos hable sobre su misión. Pero apenas conseguimos que nos cuente otra cosa que su llegada al campamento español, el alto que le dio el primer centinela, la entrega de la carta al capitán Capaz.

Luego, lo hicieron prisionero, y le pusieron un vigilante a su lado. Llegó la noche… y Garriga consiguió huir. En el primer bohío en que pudo refugiarse, le dieron la terrible noticia: Martí había muerto y lo habían enterrado aquella mañana en la misma fosa en que también sepultaron a un sargento español muerto en la acción.

Plano del combate de Dos Ríos, dibujado por el pintor Crucet según el que le entrego el coronel Garriga. Foto: Revista Carteles

¡Era todo lo que tenía que saber!

–¿Cuánto tiempo tardó usted, coronel, en encontrar al general Gómez?

–Cuatro días.

–¿Y le dio la noticia?

–Naturalmente. Pero el Generalísimo estaba de un humor de mil diablos, frecuente por otra parte en él. Me trató ásperamente. Y me dijo que no era verdad lo que me habían dicho, pues por un periódico de Holguín sabía que a Martí lo habían enterrado en Santiago de Cuba, no en Remanganaguas.

–¿Y cuando al fin supo la verdad?

–Nada, rectificó. Pero, pasando por mi lado, ordenó a un soldado: «Que le den a Garriga un huevo y un pedazo de casabe». En aquel tiempo, tal obsequio constituía un desagravio, una recompensa y casi una gloria…

Fuentes:

Revista Carteles No. 43, 23 de Octubre de 1953.

Cuba. La Forja de una Nación, Rolando Rodríguez, Tomo III

Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895 Sr. Manuel Mercado


«Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber—puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo—de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso.

En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin»…

Fragmentos de la carta inconclusa de Martí a Manuel Mercado, abogado mexicano y su más fiel e íntimo confidente por más de 20 años. Se considera el Testamento Político del Apóstol.

ALBERTO YARINI PONCE DE LEÓN

¿quién era José Basterrechea?

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Nacido en La Habana el 5 de febrero de 1882. Fue bautizado en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Monserrate, como Alberto Manuel Francisco Yarini Ponce de León.

Hijo de Cirilo Yarini, cirujano dentista, miembro fundador de la Sociedad de Odontología y catedrático titular de la Escuela de Cirugía Dental de la Universidad de La Habana, y de Juana Emilia, tan virtuosa del piano que llegó a tocar para Napoleón III en Las Tullerías.

Alberto fue el último de tres hermanos. Cursó estudios en el colegio habanero San Melitón y después prosiguió su educación en los Estados Unidos, de donde regresó a los 19 años para convertirse de inmediato en un clásico representante de la juventud burguesa de su época. Habitual de la Acera del Louvre donde acudía cada tarde con sus amigos distinguidos -ninguno de los cuales trabajaba- a beber unos tragos y a lucir sus trajes cortados a la medida, hechos con las mejores telas y adornados con yugos, leontinas, botonaduras y pasadores de corbata que valían fortunas. Y más tarde a sus juergas nocturnas.

Yarini, de gran belleza física, poseía gran porte natural, incrementado por su dandismo. Siempre bien rasurado y mejor peinado, de hablar pausado, en voz baja y bien modulada y con un refinamiento que le venía desde la cuna. Hablaba el español y el inglés con la perfección de quien no posee gran cultura. Era educado, todo sonrisas y gestos refinados con las damas cuando se encontraba en el mundo social, político y familiar, mientras que en San Isidro era el guapo al que había que hablarle bajito y rendirle pleitesías y respeto.

Simpático, generoso, distribuía por igual monedas y palmadas entre los habitantes del barrio de San Isidro, el peor afamado de la ciudad, donde Yarini era amigo de pobres y ricos, de negros y blancos, a quien siempre se podía recurrir con la certeza de no ser defraudado. Pagaba con su propio dinero los alquileres de unas cuantas negras viejas retiradas ya de la prostitución, quienes lo adoraban y halagaban. De él se decía en San Isidro que era “hombre a todo”, frase que le ha sobrevivido.

Mantenía en su domicilio de Paula 96 entre tres y siete mujeres que trabajaban para mantenerlo y se liaba a puños y balazos con lo peor de las alcantarillas con el mismo entusiasmo con que se iba a bailar a los peores salones de La Habana. Pero tenía otra vida ,que incluían desayunar cada día en la casa de sus padres, reunirse con los correligionarios de su partido, ir en las noches a la Ópera y otros centros de cultura de élites y cortejar, o ser amante, de distinguidas damas de la aristocracia y la alta burguesía habanera. Yarini no hacía un secreto de su ambición de postularse para concejal y, en un futuro no muy lejano, llegar hasta la silla presidencial.

Los apaches, como llamaban los cubanos a las pandillas de chulos franceses de San Isidro capitaneadas por el parisino Luis Letot, de temperamento tal vez no demasiado violento, que acostumbraba decir que había que “vivir de las mujeres, y no morir de ellas”, y podía mostrarse en ocasiones tan exquisito como un cortesano de Versalles.

Así se comportó con Yarini cuando este le robó escandalosamente la joya más valiosa de su último cargamento de prostitutas desembarcado en La Habana, la pequeña Berthe, hermana de su concubina Jeanne Fontaine, y por tanto su propia cuñada. Berthe, de 21 años, rubia y de ojos azules, se la tenía como la mujer más bella que paseó por las calles del barrio.

Yarini en persona anunció a Letot su relación con Berthe, y el francés se encogió de hombros. No contento con eso, poco después, completamente solo pasó frente a la casa de Letot y le gritó burlón a voz en cuello que guardara muy bien a sus putas, porque la Petit Berthe no bastaba para calmarle la calentura que tenía en aquellos días. Letot, sin perder la calma, le respondió: “Yo me voy a morir una sola vez”, y esa simple frase actuó como el conjuro que decretó la extraña tragedia donde fueron protagonistas dos antihéroes.

En ese momento Yarini compartía su casa de la calle Paula con tres mujeres en perfecta armonía. Elena Morales, una mulata en la flor de sus 22 años, Celia Martínez, una mestiza preciosa y la discutida Petit Berthe, la francesa por la que lo mataron.
Días después los dos capos caían abatidos a balazos en una embestida que nunca ha sido del todo aclarada para la Historia, y en la que participaron, de un lado, Letot revólver en mano disparando contra Yarini a quemarropa en plena calle y sus compinches armados tirando desde las azoteas, y del otro un Yarini que supuestamente no alcanzó a disparar su revólver, seguido de un tal Pepe Basterrechea que, de un solo tiro en medio de la frente, tendió difunto a Letot sobre las sucias piedras de la calle.

Pero ¿quién era José Basterrechea?
El cabo suelto en la muerte violenta del Rey de San Isidro fue José Basterrechea, joven vizcaíno de gran belleza física y elevada estatura, su mejor e inseparable amigo por razones que escapan a una total comprensión.

De extracción humilde, comía en una fonda de mala muerte, donde Yarini acudía cada tarde puntualmente después de cenar en la casa paterna, solo para encontrarse con Pepito y de ahí continuar en su compañía las andanzas nocturnas.
De Basterrechea se conoce poco, no se le conoció como chulo, y como tampoco trabajaba, Yarini lo mantenía a él y a su madre. Pepito mantuvo hasta su propia muerte en la pared principal de todos sus domicilios un retrato de cuerpo entero de Yarini, y se afectaba visiblemente cuando se le nombraba en su presencia. En una de las fotos que publicamos está de pie junto a Yarini, en una pose extrañamente familiar, casi íntima. En la época, tal colocación era la usual en las fotos de parejas, donde el hombre se mantenía gallardamente sentado mientras la mujer, de pie a su lado.

Antes de morir, en el Hospital de Emergencias, Yarini escribió, en un recetario de hospital de Emergencias, una nota en que se culpaba de haber disparado con su arma la bala que mató a Letot, exonerando así de toda responsabilidad a su querido Pepito.
Diez mil personas asistieron al entierro del Rey de San Isidro un 24 de noviembre de 1910. Así fue el desenlace.

Les presento ´´Santiago de las Vegas´´

Por: Ciro Bianchi Ross

En Santiago de las Vegas se celebró por primera vez en Cuba el Día de las Madres (1920). Foto: La Jiribilla

¿Barrio? ¿Espacio? ¿Territorio? Apenas se sabe ya cómo definir a Santiago de las Vegas desde que en 1976, con la ley sobre la División Político Administrativa de ese año perdió su condición de término municipal y pasó a depender de Boyeros, que hasta ese momento fue uno de sus barrios. Lo cierto es que esa localidad situada a unos 16 kilómetros al sur de La Habana tuvo ayuntamiento en 1745, se le concedió el título de villa treinta años después y ostenta la condición de ciudad desde 1824.

Hay mucha vida, mucho movimiento en Santiago de las Vega. Tiene antigüedad y alcurnia, aunque su escudo no luzca gules, castillos ni leones rampantes, sino los escuetos atributos del trabajo con que la fraguaron sus fundadores, aquellos leñadores andaluces y campesinos canarios  que encontraron asiento en el corral de Sacalohondo hasta que la zona comenzó a identificarse primero como Las Vegas y luego, en 1691, como Santiago de las Vegas por las plantaciones de tabaco que allí se fomentaron y por haberse puesto el poblado bajo la advocación de Santiago Apóstol.

Creció Santiago de las Vegas con el tiempo. Calabazar, uno de sus barrios, cobró vida a partir de 1830 como lugar de veraneo, y Rancho Boyeros en 1840, en tanto que en 1838, a partir de uno modesto apeadero del ferrocarril Habana-Bejucal, surgía el barrio de El Rincón, donde desde 1917 se hallan el lazareto y el santuario donde se rinde culto a San Lázaro Obispo, ero sobre todo al San Lázaro de las llagas, los perros y las muletas de palo.

Santiago de las Vegas tuvo su primer periódico en 1863. Su primer alumbrado público en 1875. Su primera orquesta en 1879. Su primera logia masónica en 1880. Su primer cinematógrafo en 1907.  Su primera emisora de radio en 1930… En 1904 comenzó a funcionar en la localidad la Estación Experimental Agronómica  -hoy Instituto Nacional de Investigaciones de la Agricultura Tropical- y en ese centro desplegó una labor destacadísima un científico de talla continental, Juan Tomás Roig, autor de esas obras monumentales que son el Diccionario botánico de nombres vulgares cubanos (1928) y Pantas medicinales, aromáticas y venenosas de Cuba, publicado por primera vez en 1945.

En Santiago de las Vegas se celebró por primera vez en Cuba el Día de las Madres (1920) y allí nació el gran novelista italiano Ítalo Calvino, en tanto que visitantes ilustres  de la urbe son Federico García Lorca y Albert Einstein -ambos en 1930- José Raúl Capablanca, en1937 y 38. Jorge Negrete, en 1945, Jacobo Arbenz, ex presidente de Guatemala, en 1960 y el papa Juan Pablo II, en 1998.

Santiagueros ilustres son Eduardo Hidalgo Gato, riquísimo negociante tabacalero que hizo cuantiosas donaciones a la causa de la independencia de Cuba. Y Eligio M. Palma, médico de Martí. El novelista Marcelo Salinas, y el poeta, periodista y pintor Francisco Simón. También el musicógrafo Helio Orovio, autor de un utilísimo Diccionario de la música cubana.

En 1717 un grupo de vegueros, inconformes con la política abusiva del Estanco del Tabaco, marcha sobre La Habana y pone en fuga al gobernador colonial. Su sucesor procuró contemporizar con los cosecheros, pero no abolió, en lo sustancial, las medidas que perjudicaban sus intereses.

Hubo dos rebeliones más hasta que en 1723 los vegueros volvieron a marchar amados sobre la capital con el intención de acabar con el monopolio. Fuerzas españoles superiores en Cuba y mejor equipadas los detuvieron a orillas del río Calabazar, ocasionándoles muchas bajas y dispersando a los sublevados. Doce de ellos, prisioneros, fueron ahorcados en las ceibas de la Calzada de Jesús del Monte. Dos de las victimas eran oriundas de Santiago de las Vegas.

A la entrada de la ciudad se levantó, en 1953, un monumento a los tabaqueros, colaboradores insuperables de José Martí en los días de la preparación de la guerra  de 1895. Es obra del artista Domingo Ravenet, y representa una planta de tabaco estilizada que tiene un bloque de mármol como soporte. Digno reconocimiento de Santiago de las Vegas a sus orígenes.